Un ciclo natural del Pacífico —no cambio climático— que se convierte en la prueba de fuego de nuestro sistema eléctrico.
En un ciclo normal, las aguas frías afloran sobre la costa americana en la línea del ecuador; los vientos alisios las empujan hacia el oeste y el mar se va calentando en su tránsito hasta Nueva Guinea, formando la piscina cálida del Pacífico occidental.
Cuando los vientos se debilitan, ese tránsito no se completa: el agua cálida se estanca en el centro del Pacífico y se recalienta allí. Ese calentamiento en el Pacífico central es, en esencia, El Niño.
En ciclo normal el agua cálida viaja al oeste; al debilitarse los vientos, se estanca y se calienta en el Pacífico central.
La señal se vigila como la anomalía de temperatura del mar en la región Niño 3.4. Existen dos criterios para decretar el evento:
El promedio de temperatura supera este umbral durante cinco trimestres consecutivos.
La anomalía supera este umbral en un solo mes.
El Niño es la fase cálida del ciclo natural ENSO, documentado por siglos. Las fases cálidas (Niño) y frías (Niña) se alternan sin depender de las emisiones. El calentamiento global solo desplaza la línea base “normal” y puede modular su intensidad —pero no crea el fenómeno.
Cuatro décadas del índice ONI (región Niño 3.4): las fases cálida (El Niño) y fría (La Niña) se alternan de forma natural. Datos: NOAA/CPC.
Los vientos debilitados por encima de los 2.000 msnm impiden que la humedad concentrada sobre la costa Pacífica cruce la cordillera. Llueve en el litoral, pero no sobre las cuencas andinas donde están los embalses.
El resultado: menos aporte hídrico justo donde el sistema más lo necesita.
La humedad se descarga en el litoral y no cruza a las cuencas.
El bloqueo de la humedad se traslada al territorio de tres formas que se refuerzan entre sí:
Ciudades más calientes por la menor nubosidad, con picos de hasta +3 °C en El Niño fuerte.
Entre −20% y −40% en episodios moderados y hasta −80% en los fuertes (Caribe, Andina y Pacífica).
Más demanda por calor, refrigeración y riego. En may–jun 2026 el consumo marcó máximos históricos (+8,75% y +5,75% interanual, según XM).
En las últimas cuatro décadas Colombia ha atravesado cerca de catorce episodios de El Niño, de intensidad muy variable —desde débiles hasta “muy fuertes”. Este es su tamaño, y el momento en que el país cambió las reglas del juego.
Cada barra es un evento El Niño (pico del ONI). En 1995 entró en operación el Mercado de Energía Mayorista. Datos: NOAA/CPC.
Un El Niño fuerte vació los embalses y llevó al mayor racionamiento eléctrico de la historia del país (mar 1992–feb 1993): cortes de hasta 9 horas diarias y cerca del 15% del consumo recortado, con altos costos económicos y de productividad.
La crisis impulsó las Leyes 142 y 143 de 1994 y la creación del Mercado de Energía Mayorista, en operación desde el 20 de julio de 1995, junto con la CREG, la UPME y el Centro Nacional de Despacho.
Con reglas de mercado, Colombia ha sobrellevado episodios aún más fuertes y extensos que el de 1991–92 —los “muy fuertes” de 1997–98 y 2015–16— sin repetir un racionamiento nacional.
de la generación de energía en Colombia depende del agua.
Aquí está la prueba de fuego de nuestro sistema eléctrico: más demanda y menos recurso disponible al mismo tiempo, en un sistema mayoritariamente hídrico. Esa tensión es la que termina trasladándose al precio de la energía.